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Cuando uno se halla habituado a una dulce monotonía, ya nunca, ni por una sola vez, apetece ningún género de distracciones, con el fin de no llegar a descubrir que se aburre todos los días.
( Germaine de Staël - 1766-1817. Escritora e intelectual francesa. Conocida también como Madame de Stäel.)